El arenero infernal

Maica seguía muy afectada con su alergia cuando yo me percaté de un detalle. Cada vez que acudía a mi arenero y removía la arena con mis patitas para tapar mis cacas, como mami me había enseñado, se levantaba una nube de polvo tremenda que me hacía estornudar como a ella. ¿Sería aquel polvo el culpable de la enfermedad de Maica?.
El caso es que estuve varias semanas intentando decirle a Antonio cual podía ser el problema quejándome enérgicamente cada vez que iba al baño, pero él parecía no entender mis maullidos.
Para colmo, aquello olía fatal, porque el servicio de recogida de residuos gatunos no era lo suficientemente efectivo. ¿A que estaban esperando? ¿a que lo recogiera mi mami adoptiva con lo malita que estaba? El pobre Antonio tenía que armarse con una pala de plástico a diario, cada vez que venía cansado de trabajar, para recoger la acumulación de todo un día, y yo cada día tenía que pelearme con aquella arena polvorienta, que se me metía por mi naricilla, para intentar tapar aquella peste, pero no era tarea facil con aquel montón de cacas atrasadas y tenía que hacer tantos esfuerzos que la arena se salía de la bandeja convirtiendo el cuarto de baño de mi nuevo papi en una playa.
Cada vez que Antonio pisaba en la playa del cuarto de baño, repartía por toda la casa arena que se metía en las rendijas de sus zapatillas, y se escuchaba un cris cras cris en el suelo marrón deslizante para gatos de aquella casa, que a Maica la sacaba de sus casillas.


Lo peor de todo es que Antonio pensaba que yo era un guarro y me echaba la bronca todos los días cuando pasaba al baño. Nooo!! si yo soy muy limpito, no sabes lo que me esfuerzo en taparlo todo bien, pero es que los del servicio de limpieza no han pasado en todo el día y mira que cuarto de baño gatuno más sucio me tienen. Yo soy la primera victima. ¿Te crees que es agradable acudir a un aseo tan poco higiénico? Esto debe de ser lo más parecido a un servicio de carretera humano de los que mami decía que había oido hablar.
Yo cada día me afanaba más en tapar bien todo, pero cuantas más energías gastaba en ello, más enfadado parecía Antonio.
Al poco tiempo mi papi adoptivo tuvo una idea genial y cambió aquella arena infernal por otra que no levantaba nada de polvo y olía muy bien. Maica incluso mejoró un poco de su alergia y mi naricita descansó notablemente, menos mal, porque ya me veía enfermando yo también de aquel terrible mal.
Sin embargo, a pesar del cambio de arena, el servicio de limpieza seguía siendo muy malo. Eso si, yo me esmeraba el doble en taparlo todo bien, dado que ahora podía respirar mejor. Lamentablemente Antonio también ponía una cara doblemente peor cada vez que visitaba la playa del baño.
Maica, cansada de la situación, dijo que iba a encargar una solución al problema e hizo un pedido por internet que esperaba con gran impaciencia. Yo me moría de la curiosidad por saber que habría comprado esta vez, pero... el pedido parecía no llegar nunca. ¿Que sería?

No hay comentarios:

Publicar un comentario