El rascador del ratón

Por la mañana, cuando estaba desayunando mi habitual platito de leche sin lactosa y mis galletitas Royal Canin, sonó el pitido de aviso que siempre sonaba en la casa anunciando que alguien iba a entrar por la puerta y me dispuse a ver quien perturbaba esta vez la paz del hogar. ¿O sería Antonio? era demasiado pronto para su llegada.
Maica me cogió en brazos para abrir la puerta. Dependía totalmente de mi para protegerla de cualquier inhumano, asi que fui preparando mis garras por si había que dejar claro de quien era ese territorio.
Curiosamente Maica no tuvo que llegar a abrir la puerta porque antes de llegar, esta se abrió sola. Era el papá de Maica que llegaba cargado con un paquete. !!Que bien, un regalo!! salté a agardecer la sorpresa a mi abuelito adoptivo y volvió a comportarse de una extraña forma, me sacaba otra vez el juguete de piezas metálicas que hacía ruido, pero sin embargo reculaba cuando yo acudía a él, me hablaba de una forma en la que yo notaba que le gustaba, pero luego no tardó en salir por la misma puerta por la que vino.
Maica lo aclaró todo cuando me dijo que por fin había llegado el pedido de mi rascador y que su papá lo había recogido en correos. No sabía muy bien que sería eso de correos, posiblemente y a juzgar por lo mucho que había esperado su pedido debía ser un sitio donde los humanos perdían sus paquetes. !!Que bien!!, su papá lo había encontrado.
Maica se encerró en la cocina dejándome a mi fuera y estuvo un buen rato haciéndo ruido sin yo saber que estaría haciendo. Cuando por fin salió, pude ver la sorpresa, desde luego había acertado totalmente con su elección. Había una caja enorme llena de cositas blancas muy divertidas con las que jugar, asi que no dudé ni dos segundos en meterme dentro a estrenar tan maravilloso regalo. !!Yupiiiii, que divertido!!
Cuando la diversión empezaba a estar en su punto más alto, Maica me sacó de la caja y me dijo que esa no era la sorpresa. !!Vaya, pues a mi esta me encantaba!! ¿Acaso esto es superable?. Entonces me llevó al salón y vi por fin cual era el rascador del que tanto me había hablado.


La verdad, el rascador era un tanto decepcionante, había hablado tan bien de el que me esperaba otra cosa, era mucho más pequeño y mucho más duro que el rascador azul con cojines. Sin embargo una cosa llamó mi atención, no sabía muy bien que era, asi que me acerqué sigilosamente y con prudencia a ver de que se trataba. !!Caramba!! no me lo podía creer, esto si que era bueno. El rascador no era nada del otro mundo pero es que en el vivía un animalito del que mamá me habia hablado mucho y que según ella era el mejor regalo que se le puede hacer a un gato, si , si , era un ratón.
Esto hay que celebrarlo!! me puse manos a la obra para cazar el ratón blanco que colgaba del rascador, pero.... ufff!!! que dificil es pillarle. Cada vez que le daba un zarpazo salía disparado y si lo atrapaba entre mis dientes y tiraba se soltaba y salía volando. Tenía tarea para rato, asi que me pasé todo el día tratando de darle caza ante la mirada atónita de Maica, que parecía encantada con la idea de que pronto tendría una pieza para ofrecerle como regalo yo también.

No hay comentarios:

Publicar un comentario