La lavadora

Mis expediciones por la cocina tras la misteriosa desaparición del filete de pescado se habían incrementado notablemente y fruto de una de ellas descubrí algo sorprendente.
Maica había metido en una caja blanca, con una puerta redonda transparente, un montón de ropa que olía un poco mal. Dejó la ropa alli encerrada, tocó con su dedo una zona cuadrada que se hundió y como por arte de magia empezaron a escucharse unos ruidos muy raros.
Maica había salido de la cocina, pero yo me quedé vigilando a ver que sucedía.
Se escuchaba como si brotara agua por algún sitio, sin embargo no se veía por ningún lado.Uff!! me quedaré vigilando no sea que muramos todos ahogados.
Permanecí alli mirando fijamente la caja blanca, hasta que de repente la ropa empezó a dar vueltas y más vueltas dentro. Alguien estaba dentro de la caja moviendo toda la ropa y haciendo un ruido de mil demonios.
Al principio la ropa giraba despacio y yo iba siguiendo con mi mirada cada prenda para asegurarme de que no desapareciera misteriosamente ninguna, como pasó con el pescado, pero luego comenzó a dar las vueltas mucho más rápido, yo me mareaba incluso, y llegó el momento en que perdí de vista todo, solo había un ruido muy intenso y la ropa parecía haber dasaparecido también, como en una especie de espiral veloz. Cáscaras!! esta habitación es mágica.


Me quedé estasiado sin saber muy bien que hacer cuando de pronto el ruido cesó y la ropa apareció de nuevo por la puerta transparente de la caja. Estaba ahi de nuevo.
Revisé la caja por todas partes, metí las patitas por cada rincon a la espera de dar con alguna pista, pero nada, la caja blanca era un misterio a resolver más.
Al poco tiempo los ruidos volvieron a comenzar y la ropa comenzó a girar de nuevo. Ehhh!! ahora si que no se la lleva nadie. La defenderé con valor.
Comencé a saltar avalanzándome sobre la ropa intentando alcanzarla con mis garras para que nadie consiguiera hacerla desaparecer de nuevo, pero aquella dichosa puerta no me dejaba sujetarla y fue girando cada vez más rápido hasta que de nuevo volvió a desaparecer. Al rato, cuando cesó el ruido de nuevo, apareció ante mis ojos por arte de magia. Me tenía loco, aquel misterio sucedía una y otra vez sin yo poder hacer nada para remediarlo, hasta que finalmente todos los ruidos pararon definitivamente y Maica vino a la cocina.
Maica abrió la puerta transparente y recogió toda la ropa depositándola en un barreño grande. Me metí dentro a comprobar que estaba todo y Maica volvió a alterarse. Cáspita!! no me extraña!! si está todo mojado. Pobre mujer, no gana para sustos. Alguien dentro de aquella caja se había dedicado a mojarle toda la ropa a la pobre Maica, era normal que se mosqueara.
Entré dentro de la caja blanca a bucar al sin verguenza que había hecho aquella barbaridad, pero no encontré a nadie. El interior era metálico con muchos agujeros y estaba mojado también , pero ni rastro de gente.
Maica me sacó enfurecida de alli reprochándome qué hacia dentro de la lavadora. ¿La lavadora? ummm, asi que se llama asi.
Había fracasado en mi intento de vigilar la ropa de Maica y ella se había enfadado. Dichosa lavadora!! se la tengo jurada. La próxima vez que nos veamos las caras no se lo pondré tan fácil, está en juego la confianza de mi mami adoptiva, y eso es muy grave. A partir de ese día la vigilaría a conciencia.

2 comentarios:

Sanchete dijo...

Que gran descubrimiento, Freud! Tengo que decirte que sales guapo, pero guapo de verdad en el vídeo, tengo aquí a mis niños ruborizados de sólo verte menear esas patatitas tan lindas al son de la música tan simpática que ameniza el video.

Por cierto, que veo que eres todo un bichito, ¡mucho cuidado con esas cortinas, que te hemos visto todos!

Besitos y ronroneos!

Freud dijo...

chissssssss!! no se lo digas a Maica, que se pone muy nerviosa cada vez que me ve subir por ellas. ¿será que piensa que me puedo caer?. Gracias por lo de guapo, es que soy muy coqueto y me lavo mucho sabes.

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