Mi nueva casa

Despues de pasar por una sala muy rara en la que solo había puertas y escaleras, que todavía no he descubierto que es, pasamos por una puerta hasta mi nueva casa.
Maica por fin quitó la reja que bloqueaba la salida del mascotín y me dejó en el suelo. Miré a mi alrededor y vi un montón de cosas, sin duda debía explorar bien aquel lugar, pero debía ir con cautela, asi que comencé a moverme por aquel espacio oliéndolo todo muy bien.
Maica me enseñó varios sitios interesantes según ibamos avanzando juntos por el terreno, un sitio donde beber y comer, uno donde dormir, otro donde jugar y rascarse las uñas, otro donde hacer pis y caca... y siempre acompañado de una frase "esto es tu ... bla bla bla", que tontería, debía de pensar que no era un gatito muy inteligente, pero yo ya sabía que todo lo que alli había era mio, porque ya me había estado encargando de dejar mi olor por todas esas cosas, eso si, como soy un gatito muy bueno y agradecido, como mamá me dijo, estaba dispuesto a compartir mis cosas con ellos, porque nada más llegar me habían dado una comida muy rica y muchos mimos, asi que decidí perdonarles la encerrona del coche.
Maica me explicó con mucho disgusto, que había pedido por internet un rascador con zona de juegos precioso para mi, que aún no había llegado. Pobrecita, se la veía muy apenada por ese detalle, pero no se porque se lo tomaba así, mamá me había enseñado a no ser un gato avaricioso y yo tenía suficiente con ese rascador grande de color azul tan suavecito y lleno de cojines que había visto en el salón.
Mi camita estaba puesta junto al radiador para que estuviera calentito, pero en aquella casa hacía mucho calor porque tenía trastos de esos por todas partes y la puerta del jardín no estaba abierta como en el garaje de Lourdes. Estos humanos... con eso de que no llevan el abrigo puesto, están siempre muertos de frio. Decidí pues que lo mejor sería dormir sobre mi rascador azul también.
Antonio ya había cogido el otro rascador azul que había para descansar un rato, asi que yo me quedaría con el otro y le dajaría un sitito a Maica, me había caido muy bien porque estaba mimandome a todas horas, asi que la dejaría dormir a mi lado.
Sin embargo, en cuanto trepé al rascador azul, pusieron unas caras de susto los dos. Tranquilos hombre!! si no me caigo, soy pequeñin pero me agarro muy bien con las uñas. Puff! debieron pensar que me había hecho daño porque inmediatamente corrieron a ponerme una manta en el rascador. No hacía falta que se hubiesen molestado, porque aquello estaba muy blandito, pero por no hacerles el feo me tumbé sobre la mantita y alli me quedé dormidito, estaba tan cansado del viaje que decidí dejar para el día siguiente la exploración.

No hay comentarios:

Publicar un comentario