Mi primera visita

Antonio y Maica salían de casa todos los días dejándome un buen rato de relajación de humanos a solas, en el que yo aprovechaba para investigar las cosas que no podía hacer cuando ellos estaban, jugar o directamente echarme un sueñecito reparador.
Aquel día Maica dijo que me iban a llevar a hacer mi primera visita para que conociera a su familia. Bueno, vale, ¿pero pondrán un poco de atún o jamón para picar a las visitas , no?.
Maica me acomodó en un bolso para gatos muy cómodo que me gustó mucho, nada que ver con el mascotín del viaje en coche, y salimos de la casa atravesando de nuevo la misteriosa estancia de las escaleras infinitas y las puertas cerradas. En la calle hacía un frio de mil demonios y Antonio y Maica caminaban rápidamente llevándome a mi a cuestas, protegiendo el bolso como podian de la entrada del aire congelado de la noche.
Por fin llegamos a la casa de los padres de Maica. Era una casa inmensa con un jardín en el que podía detectarse el aroma de la presencia de otros gatos. Al pasar al interior noté como volvía a sentir el mismo calor que hacía en nuestro hogar, exagerado para un gato con abrigo como siempre y al sacarme del bolso y ver las primeras caras de humanos, a parte de las de mis papis adoptivos, me topé con una señora muy chillona que debía comer muy bien.
Se hicieron las presentaciones, yo descubrí asi que la señora chillona era la mamá de Maica y la señora descubrió que yo era la gatita de su hija. !!¿Gatita?!!
Ya estamos otra vez!! Y me presentan con el nombre de Luna !! que soy un gatoooo!!
Estuve a punto de enseñarles los motivos que Dios me había dado para ser un macho, pero apareció en escena una señora muy mayor apoyada en un palo largo muy dispuesta a achucharme y me dió cosa perder mi razón de un palazo o un estrangulamiento de miembros gatunos, asi que pasé por alto el tema de mi masculinidad y me centré en como podía salir pitando de alli.
Por suerte Maica me sacó de alli rapidamente para llevarme a conocer a su hermano que al parecer estaba también malito. Subimos por unas escaleras mas largas que un dia sin malta hasta llegar a una habitación donde estaba acostado en una cama el humano más largo que había visto jamás. Por lo poco que pude entender el estaba convaleciente de una enfermedad que se llamaba Baloncesto o algo parecido y también tenía junto a la cama un palo como el de la señora mayor, eso si, este al menos no parecía muy desesperado por achuchar gatos, asi que me dejé hacer un par de carantoñas antes de intentar saltar de los brazos de Maica sin conseguirlo.
Maica volvió a bajar por las escaleras hasta la habitación donde estaba Antonio con la mamá de Maica y la señora mayor, que luego supe era la mamá de la mamá de mi mamá adoptiva, uff!! que mamá más remamá. Me dejaron en el suelo y cerraron la puerta. Estuve investigando la extraña habitación a fondo hasta que descubrí que se trataba de lo que los humanos llaman una cocina, sin embargo esta cocina era enorme y parecía más un salón, si no fuera porque tenía un elemento diferenciador muy importante, sobre todo para un gatito hambriento como yo, la nevera. Me dispuse a utilizar mis mejores artes para incitar a que abrieran la puerta de tan magnifico elemento. La mamá de Maica me ofreció unas tapitas de jamón que recibí con mucho agrado. Era muy generosa ofreciendo comida, estaba claro que ella entendía bien que un gatito debe alimentarse abundantemente como ella hacía, y estaba a punto de ofrecerme otro suculento bocado cuando un ruido agudo nos perturbó a todos.
Maica dijo que llamaban a la puerta, y su mamá dijo que era el papá de Maica.
El papá de Maica era un hombre muy muy raro, primero me miró interesado, luego comenzó a protestar diciendo que no quería gatos, despues volvía a mirarme con buena cara, pero no tardaba en refunfuñar de nuevo, si no fuese porque yo soy un gato y mamá me enseñó muy bien a diferenciar los olores humanos, jamás habría podido enteder a un humano asi, pero por suerte mi olfato me decía que lo que aquel hombre tenía era miedo, quizás no un miedo muy intenso, pero miedo al fin y al cabo. Pobre hombre, me daba apuro que tuviese miedo de mi. Mirame!! solo soy un gatito. Intenté acercarme a explicarselo mejor, pero el solo me esquivaba y cuando conseguía acercarme un poco más me sacaba unas cosas metalicas que sacudía y hacían mucho ruido pero que tenían buena pinta para jugar. A lo mejor era eso, no se fiaba de mi porque aún no había jugado con el. Pues venga, vamos a jugar!!. Vaya!! que casualidad!! coincidió que en ese instante dijo que tenía que marcharse. Bueno hombre, en otra ocasión será.
Justo cuando salía de la casa, llegaban unas visitas para el hermano de Maica que ella también quiso presentarme, asi que subimos de nuevo las escaleras hasta la habitación donde estaba su hermano y allí me encontré con una grata sorpresa. Había un grupito de jovenes humanas dispuestas a mimarme y jugar conmigo, de hecho creo que eran admiradoras mias, así que me dejé agasajar y en premio les ofrecí unos cuantos ronroneos que debieron gustar mucho.
Despues de un ratito con mi club de admiradoras Maica decidió volver a casa y así terminó mi primera toma de contacto social.
La experiencia fue muy interesante, pero en el camino de vuelta a casa pasé mucho frio y terminé estornudando un par de días.

2 comentarios:

Fátima dijo...

Pero qué ricura de pequeñajo el Freud, un placer conoceros. Teneis un blog y una web fantásticas de verdad!!!
Y mucho ánimo, seguro que poquito a poco y con la ayuda de Freud y el resto de la familia, todo se superará. Un abrazo!!

Freud dijo...

Oysss, gracias, me voy a poner colorado. El placer es mio por recibir tu visita. Un ronroneo muy especial para ti.

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