La nave espacial

Ese día el papá de Maica había venido de visita a casa cargado con una gigantesca caja que había encontrado en el lugar donde se iban a perder todos los paquetes humanos, es decir, en Correos.
Maica había esperado durante mucho mucho tiempo aquel pedido y me intrigaba mucho que sería, sin embargo esta vez no me dejó participar en el descubrimiento del contenido y se encerró a cal y canto en la cocina para mantener el secreto. ¿Sería una sorpresita?.
Cuando Antonio llegó a casa se puso muy contento también al recibir la noticia de que por fin el paquete estaba en casa, entró en la cocina a ver la sorpresa sin dejarme pasar a mi y poco después se fué de la lengua y confesó lo que Maica me tenía guardado como regalo diciendo una frase que hizo que se me erizaran todos los pelos del cuerpo de la emoción "Freud, mamá te ha comprado una nave espacial".
Guauuuu!!!, digo, Miauuuu!!, estaba tan emocionado que hasta mis exclamaciones me hacían perder mi identidad por la de un perro. Una nave espacial!! mami me contó una historia antes de dormir donde decía que los humanos utilizaban naves espaciales para visitar la luna. Hace muchos años habían enviado a una perrita llamada Laika al espacio en una de ellas, pero lamentablemente no sobrevivió a la aventura. Mamá decía que algún día las naves espaciales serían mucho más modernas y seguras y entonces los gatitos no maullaríamos más a la luna llena de lejos, sino que pondríamos nuestras patitas sobre ella. Los perros no lo habían conseguido, pero evidentemente nosotros eramos más listos que ellos jeje.
No me lo podía creer. Maica tenía tanta confianza en mis capacidades, que después de haber demostrado que era un excelente terapeuta me había comprado una nave espacial para convertirme además en astronauta gatuno. Ufff !! cuando se entere mamá de esto se la van a caer los bigotes de la impresión, va a estar muy orgullosa de mi.
Por fin llegó el momento de ver mi nueva nave espacial. Maica salió de la cocina con ella en brazos y la depositó en el suelo del baño, donde antes estaba mi arenero. Corcho!! ¿no tienes otro sitio donde ponerla? podías elegir un lugar más higiénico ¿no?.
La espectación era máxima en mis papis adoptivos esperando el momento en que yo entrara dentro de la nave, no me perdían ojo. El mecanismo de entrada era extraño, pero rápidamente con una pequeña indicación de Maica pude ver que solo había que empujar con el morrito una especie de puerta transparente. Por fin estaba dentro, pero...!!¿esto que es?!!, !!¿de quien ha sido la brillante idea de poner la arena de hacer caca y pis dentro de mi nave?!!.
La decepción fué máxima al descubrir que aquel trasto era una caca en el más amplio sentido de la palabra, no era ninguna nave espacial, sino un nuevo "cagadero" cubierto al que Antonio había bautizado con ese nombre porque decía que se parecía mucho a una nave espacial. !!oye guapo!! a ver si vemos menos peliculitas del espacio de esas que os tragais los humanos, que no das una.
Menos mal que en un araranque de inteligencia felina decidí demostrarle para que servía su nave espacial y le dejé un buen mojón dedicado, para que volviese a la realidad, que provocó los aplausos de Maica.

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