Los testigos de Jehova

Bueno, siento mucho haber tardado tanto en pasarme por aqui a contaros mis cosas, pero es que he estado muy liado cuidando de Maica, que no se encontraba nada bien estos días. Ya sabéis todos que como buen gatito terapeuta que soy me debo a mi trabajo, y la salud de Maica es una prioridad muy importante para mi.
El caso es que en estos días han pasado muchas cosas y quisiera empezar por contaros un suceso curioso ocurrido hace tan solo un par de semanas.
Maica se pone muy nerviosa cuando recibe visitas en casa que no son de la familia, especialmente si a su puerta llama algún desconocido. Por supuesto yo actúo siempre como su defensor, y si noto algún tipo de tensión, allí voy yo lanzado con mis uñas preparadas y mi cola bien erizada advirtiendo al que sea de que ya puede tener mucho cuidadín conmigo, que también puedo ser un gatito guardian con muy mala leche.
Sin embargo cuando la veo relajada se perfectamente que el humano que entra es de fiar y que no hay motivo alguno para la ofensiva, en esos casos es solo cuestión de segundos que se haga una presentación formal, a la que suelo reaccionar restregandome un poquillo por nuestro nuevo amigo para dejarle mi particular sello de olor del círculo de amistades de Freud.
Bien, pues curiosamente el otro día llamó una visita con la que no sabía muy bien como actuar. Al escuchar el timbre de la puerta noté como Maica se tensaba y se ponía inmediatamente a la defensiva, por lo que fui preparando mi kit defensivo gatuno antihumanos-indeseables. Maica me cogió en brazos y se dispuso a abrir la puerta cautelosamente. Ante nuestros ojos aparecieron dos humanos macho de avanzada edad que decían traer una invitación para Maica. Parece ser que la idea de ser invitada a algún sitio debió gustarle a Maica porque fui notando como se relajaba, quizas aquellas personas no fuesen tan peligrosas, asi que me mantuve alerta pero sin mostrarme agresivo.
El caso fué que uno de los hombres empezó a hablar y hablar sin parar ante la atenta mirada de Maica de un tal Jesús, que debía ser el organizador del evento, porque aquel señor le daba mucha importancia. Que si Jesús por aqui, que si Jesús por allá... pero el tal Jesús debía ser un humano muy muy muy viejo porque el señor de vez en cuando se refería a el como padre.
El hombre seguía blau blau blau hasta que dijo algo que ya me tocó un poquito los bigotes, pretendía engañar a Maica diciendo que Jesús era también su papá. Te estás pasando tio!! ¿que es eso de que Maica tenga dos padres? porque yo conocía al papá de Maica y desde luego no se llamaba Jesús, asi que tuve que intervenir interrumpiendo la interminable parrafada de aquel hombre con mis maullidos.
Lo alucinante es que a pesar de que yo maullaba aquel hombre seguía hablando sin parar. Visto que no hacía ni caso me puse a maullar más fuerte, pero en lugar de parar y hacerme caso se puso a hablar más fuerte el también. Ah si?!! ya veremos a ver quien puede más!! empecé a soltar unos maullidos que no dejaban escuchar lo que decía el pajarraco este, pero el tio era duro de pelar y siguió subiendo el tono. Fuimos chillando cada vez más en una especie de batalla por ver quien tenía más aguante, hasta que el otro hombre le dijo a Maica "que gatito tan bonito, es una gatita ¿no?". Eyyy!!! ahi te has meado fuera del tiesto!! ¿que es eso de gatita? ¿ya estamos faltando a mi masculinidad?!!.
Mientras Maica les hablaba sobre mi yo estaba ya calentándome, comencé a poner mi colita gorda, pero Maica me decía "Tranquilo Freud, tranquilito, que no pasa nada". Jooo!! no me digas que no puedo ni sisearles un poquito?!! bueeeno, va. No entendía muy bien la actitud de Maica, se la veía ya cansada de escuchar, pero aún asi no quería ser descortés, seguramente por no perder la invitación, asi que rebuscando por mi mente felina tuve una idea genial.
El hombre siguió con su interminable discurso y en mitad de sus palabras se escuchó un fuerte Prrrrr!! seguido casi inmediatamente por un suave Pffff!!.Un furioso vendaval de gases fétidos comenzó a esparcirse llenando el espacio y transformando las caras de todos los presentes. Las caras de los dos hombres reflejaban un sufrimiento contenido, la de Maica más bien reflejaba verguenza y la mia, además de relajada, era la viva imagen de la victoria felina sobre la prepotencia humana.
Ni que decir tiene que, como por arte de magia, los discursos terminaron súbitamente y los dos hombres se despidieron con bastante prisa, dejando la invitación en manos de Maica.
Cuando Antonio llegó por la tarde y vió la invitación dijo "Por lo que veo han estado aqui hoy los testigos de Jehova ¿no?". Jeje, lo que él no sabía y Maica tuvo que explicarle detenidamente, es que aquellos dos humanos de lo único que habían sido testigos es de la mala leche que puede tener un gatito y de lo mortales que pueden llegar a ser sus pedos.