La caca nave de lujo

Antonio y yo hemos estado manteniendo un constante tira y afloja por ver quien se hace con el control del territorio. Eso de que haya dos machos en la misma casa se convierte en un tema delicado. Antonio es un macho muy grande y hasta que yo llegué a casa, él era el jefe, pero ahora que este iba a ser mi hogar, debía dejarle claro lo antes posible quien es el macho alfa responsable de proteger a Maica. El tema es que como yo aún era un gato pequeñito, él se empeñaba en mantener el control, olvidando un importante dato, que yo soy un gato, y por mucho que él quiera y por muy grande o magnífico ejemplar que sea, no puede dejar de lado su condición humana, que evidentemente nada tiene que hacer frente a la supremacía felina.
En fin, decidí dejar que se fuese aclimatando poco a poco a su nuevo estatus en la jerarquía de poder hogareña y le hice creer que él aún conservaba el poder en casa. Ya iría dejándole claro gradualmente quien estaba destinado a ser el jefe alli con pequeños desafios que no enturbiaran nuestra amistad, ya que al fin y al cabo era un tio muy majo al que había tomado mucho cariño y no era cuestión de prescindir de el en el grupo, me gustaba como papi adoptivo.
Sin lugar a dudas había pequeños detalles que le iban enseñando hasta donde llegaba mi poder felino. Uno de ellos fué la caca nave. Antonio se había empeñado en ponerme esa arena para conejos que yo no estaba dispuesto a tolerar en mi toilette, porque al parecer se había quedado encargado de la limpieza del baño y para él era mucho más cómodo deshacerse de mis cagarrutillas y pises envueltos en esa especie de viruta de madera que se descomponía facilmente en su water de humanos con agua. Ya os comenté que la batalla gato vs hombre estaba a mi favor, pero para que la tensión del ambiente se relajara un poco decidí otorgar a Antonio una pequeña tregua accediendo a utilizar una nueva arena. Se trataba de una arena hecha a base de fibras vegetales obtenidas de abetos, vamos, parecida al anterior lecho para conejos solo que con el grano más fino, mucho más apropiado para un gato. Haciendo un alarde de generosidad hacia el género humano, decidí probar el nuevo producto ante la satisfacción de Antonio y Maica, y lo cierto es que no estaba nada mal, se podía escarbar facilmente y al tapar los excrementos no producía olores desagradables. No se quedaba agarrado a mis patitas y al salir de la caca nave, lo poco que llevaba en ellas caía en el felpudo de ranuras de la entrada y el suelo quedaba limpio.
Antonio estaba radiante de felicidad creyendo que se había salido con la suya, !!ayyy pobre iluso!! ¿quién tenía ahora un radiante y limpio baño de lujo felino? ¿él o yo? y lo más importante de todo ¿a quién mimaba Maica felicitando por no manchar el suelo? ¿a él o a mi? es triste ver como el ser humano es capaz de apuntarse un tanto recogiendo tus cagarrutas mientras su hembra te mima a ti ¿quién es el que está ahora más cerca de hacerse con el poder de la casa? muahahahaha, pero que listos somos los gatos jeje.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Jajajaja, que gracioso. Con mi gata me paso algo parecido, pero no lo habia visto desde ese punto de vista.
Maus!

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